Mi llegada al Atletico Parte VI

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Mi llegada al Atletico Parte VI

Así que me tocó hacer las maletas y marcharme en dirección a Madrid. “¡Vaya palo!”, pensé. Siempre he sido de decisiones meditadas pero rápidas, es verdad que un poco egoístas ya que viendo la cara de mis padres era todo un poema. “Tranquilos”, les decía, “Si solo estamos a cuatro horas de coche y volveré muchas veces”, en definitiva  todo ese rollo que siempre se comenta.

Pensé que sería muy duro sobretodo dejar a mi hermano, ya que siempre estuvimos juntos, en el colegio, con la cuadrilla (mismos amigos) y hasta en la mili, siempre unidos e inseparables, no os podéis imaginar cómo lo echaba de  menos.

Afortunadamente, me comunicaron que no iría solo, que me acompañarían Peio Uralde y Rubén Bilbao, con el que había coincidido durante mis años en el Athletic. Monté en mi Opel Kadett rojo y a Madrid, tuve suerte de ir con estos dos amigos que me hicieron la vida más fácil.

La pretemporada se hacía en Segovia. El entrenador era Luis Aragonés y el preparador físico Ángel Vilda. Había oído hablar como todos de Luis, de cómo defendía y apoyaba a los jugadores. Tuve la mala fortuna de que en esa pretemporada no tuve tiempo para conocerlo, se puso enfermo y se tuvo que marchar. Su sustituto fue Vicente Miera, a quien había tenido unos meses antes en el Mundial de México 1986 como ayudante de Miguel Muñoz.

En Segovia empecé con todas las ganas del mundo, pero cuando empezamos a entrenar me dije: “Julio, igual te has equivocado ya que no sé si podrás soportar estos entrenamientos”. Siempre la pretemporada es dura y cuesta ya que vienes de vacaciones, y eso que en Bilbao se trabajaba y se daba mucha importancia al aspecto físico, pero lo del Atlético no lo volví a ver nunca, qué manera de correr, que manera de hacer series, parecíamos corredores de 10.000 metros y que nos preparábamos para una olimpiada.

Yo preguntaba a Arteche y compañía si eso era normal y me contestaban: “Majo, espera que todavía no hemos comenzado”. Yo pensaba que estaban de guasa, ya que correr más era imposible. Yo tenía 23 años y siempre he sido fuerte en el aspecto físico, así que pensé “si yo estoy así como estarán los demás”..

Al final pensé en hacerme el loco por esos bosques e intentar escaquearme pero acababa de llegar, me tenía que ganar un puesto, dar buena imagen, además todavía no sabía cómo funcionaba el club y encima el mister tenía mucho carácter e impresionaba pero muchas veces tuve ganas de pararme sobre todo cuando veía a algún compañero detrás de un pino, escondido y me hacía señas como diciéndome ” anda tira para adelante que me vas a descubrir”..

 

No os podéis imaginar qué alegría cuando acabó todo ese infierno, fueron las peores pretemporadas de mi vida como profesional. Siempre a nivel de trabajo, ya que el ambiente entre los compañeros era buenísimo, como no podía ser de otra forma con los Arteche, Marina, Landáburu, Setién, Quique Ramos, Alemao, Elduayen, Silva…etc.. etc..  Teníamos un gran grupo.

Por suerte volví a jugar el Teresa Herrera (ya os conté en mi vida en el Athletic que era mi torneo favorito) y con el Real Madrid de rival. Casi nada. Yo venía del Athletic y ya teníamos rivalidad contra ellos, aunque cuando aterricé en el Atlético me di cuenta de lo especiales que eran los derbis y de la gran rivalidad que existía..

Yo ya había ganado el torneo con el Athletic en 1983 y el debut con el Atlético fue inmejorable: 3 a 1 con gol mío incluido y después triunfo en la final sobre el Sao Paulo por 1-0. Nos invitaron a una cena espectacular de marisco en Santiago de Compostela para celebrarlo.

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